
Reflexión por Karla Vargas, Encargada de Procesos Territoriales en ONG FIMA.
Este 21 de marzo, se celebró por primera vez el Día Mundial de los Glaciares, en el marco del Año Internacional de la Conservación de los Glaciares, proclamado por la ONU. La iniciativa busca visibilizar el papel crucial que estos juegan en la seguridad hídrica mundial, concientizar sobre el complejo escenario en que se encuentran, y reconocer su importancia para todas las formas de vida.
Chile, atravesado por la Cordillera de los Andes, alberga innumerables glaciares altamente sensibles a los efectos del cambio climático y a los impactos de la actividad humana.
Hace sentido que la política internacional aborde esta problemática lanzando un llamado transversal a gobiernos y sociedad civil para conmemorar esta fecha. Así, la Comisión de Medio Ambiente, Cambio Climático y BB.NN del Senado, con el respaldo del Ministerio de Medio Ambiente, apoyó la idea de declarar y adherir oficialmente al documento, para incluirlo como una efeméride nacional.
Sin embargo, mientras se acepta esta invitación, en la práctica, las decisiones políticas y económicas se alejan de su protección. Esto nos lleva a la pregunta de si será posible reconciliar la conmemoración de un día y año dedicado a los glaciares con la realidad de los proyectos que comprometen su supervivencia.
Un ejemplo claro de esta paradoja es la aprobación de la expansión de la mina Los Bronces en las regiones Metropolitana y de Valparaíso, proyecto que pone en riesgo una decena de glaciares y que ha generado graves afectaciones en la cordillera, acentuado la inseguridad hídrica en las regiones con mayor población del país.